3 de noviembre de 2011

Que mas da si te pierdo sin ganarte. Que yo lo que quiero es bailar en la azotea después de una noche de ensueño. Derrapar sobre tu cuerpo sin ser yo la que pise el freno.


Y volar sobre tus brazos, sentir que el cielo esta mas cerca, solo porque seas tu el que esta aquí sentado. Y comerte con los ojos solo antes de comerte con los labios. Inventarme un mundo que caduque en 12 horas solo para no sentir que sentía perderte.

Inventar un horizonte y que seas mi mejor amigo, mi mejor amante solo por esta noche. Romper con los esquemas, olvidarnos del presente que vivíamos antes de vivir la noche. Olvidarme de quien eres, de quien soy, de donde estamos. Crear un mundo al que pondremos nombre que muera cuando empiece el día.


Y sentirme tu princesa, que seas mi príncipe encantado solo por esta noche. Solo eso. Una noche con la que poder crear un mundo, uno nuevo, con mil calles por conocer, con mil bares en los que bailar como nunca antes ninguno lo había hecho. Y no sentirme perdida jamás en ese mundo de 12 horas, porque eres tu el que me lleva de la mano por ese paraíso construido a base de sonrisas y tapas, copas y cigarros.


Ser la única a la que miras a pesar de los cientos de princesas que buscan en ti el príncipe de sus noches. Reírme de mi misma, apoyarme en tu hombro, sentarnos en ese banco que nos estaba esperando.

Quitarme los tacones para correr de tu mano por esa noche inventada. Disfrutar de ese momento paseando en tu sonrisa. Que pulses ese botón que para el tiempo antes de besarme.


Y que mas da si te pierdo sin ganarte, hemos creado otro planeta en cinco minutos que nos ha durado toda una noche. Eso, si que es un autentico milagro. 

23 de octubre de 2011


Despiertas un domingo por la mañana. Aun estas superando una de esas noches en las que los únicos recuerdos que quedan son el dolor de cabeza matutino para ti -hora de comer para el resto- y ese sabor a alquitrán adherido a tu cuerpo.

Primer intento por recordar que decides dejar en el aire. Vaso de agua e ibuprofeno vs resaca. Desmaquillante resbalando por tu piel. Demasiado cansada estabas anoche como para pensar en eso.

Vestido, tacones –más altos de lo políticamente correcto- y mucho eyeliner como traje de guerra. Nuevo bar por descubrir y un sinfín de copas de vino que van pasando por tus manos. Entre carcajadas y risas, las copas se rellenan. Has perdido la cuenta, pero parece no importarte. Nueva bocanada de aire.  

Un vicio lleva a otro, eso está claro. Cigarro en un improvisada terraza ovetense. Conversaciones guiadas por el alcohol y los excesos. Punto de no retorno. Música en directo que ameniza el local. Desconocidos que se convierten en mejores amigos con fecha de caducidad en la misma madrugada.  


A tu mente vuelve ese “Arde Paris”. Eso, piensas es lo que paso anoche. No sabes cómo, pero ese coctel ha llegado a tus manos. Que más da!! La música sigue sonando!



Flash de algo que tu mente consideraba olvidado. Bailas en mitad de la pista balanceando tu melena al aire mientras enseñas a bailar a un nuevo amigo nocturno. No recuerdas donde pero sabes que sonreías.




15 de octubre de 2011

Y vuelves al juego sin saber que has entrado en el. Regresan esas armas que creías olvidadas. No hay nada mejor que volver a sentirse vivo después de meses de hibernación.

Esos gestos inconscientes. Esas caídas de ojos que vuelven a cobrar sentido. La sensación de ser buscada al entrar en una habitación. Ese pestañeo que es solo para ti a pesar de la sala llena de gente.

Esa media sonrisa al verte que esconde antes de que alguien mas se de cuenta de ello. Esa distancia potencialmente incomoda pero forzada, sin importar por quien, como o donde. Interiorizas ese olor que desprende su cuerpo como un nuevo perfume que quieres probar en tu piel. 



Te descontrola su forma inconsciente de morder su labio inferior, esa que desata tus instintos mas primarios. Suspiras por esos ojos que días después parece empezar a dejar caer por los tuyos. Paso adelante. 

Y vuelven las caídas de ojos, la recolocacion nerviosa de ese mechon rebelde que sirve de escudo ante miradas mantenidas mas de la cuenta. Acaricias sus manos con tus ojos, a expensas de no poder tocarlas. Te estremeces con cada roce fortuito y notas su nerviosismo por haber rozado tu cuerpo sin permiso.

Cinco minutos valen para soñar toda una vida, asi de relativo es el tiempo.